Viernes, 2 de mayo de 2014

 

Catherine,

 

El sentimiento que prevalece en mi hoy es la rebelión. Rebelión porque la muerte es siempre inaceptable. Siempre hay casos que puedo justificar, cuando están en el orden de las cosas, llegando a una edad en la que mucho, si no todo, se ha cumplido.

 

¡Para ti ha sido muy pronto! ¡Demasiado pronto!

 

¡Te quedaba todavía tanto para dar y recibir!

 

Nos conocimos cuando llegaste a La Asociación. Allí rápidamente descubrimos que teníamos lazos comunes a través de Roland y María Geneviene Assathiany, miembros de tu familia. María Genevieve, Graber en ese momento, ha sido para mí una preciada amistad profesional. Juntas, después de la guerra descubrimos los originales enfoques de los norteamericanos en materia de Servicio Social. Roland me había “supervisado” en mi rol de examinadora de diferentes Diplomas de Estado de profesiones sociales. Más tarde, ellos formaron una pareja acogedora en Guéry, París. De esos momentos guardo numerosos y buenos recuerdos.

 

Catherine, evocarlos juntas y evocar la historia de una parte de tu familia a través del muy original Roland Assathiany, nos ha dado inmediatamente un pedestal común y una cierta complicidad.

 

En la APLF nos encontramos durante las reuniones sobre las intervenciones en las “instituciones difíciles”. Me gustaban tus presentaciones, la manera en la que respondías a las de otros e intervenías en los debates. En el marco de la Asociación francesa esos fueron nuestros únicos momentos de trabajo juntas. Bastante poco, en suma. Pero ¿suficiente para que yo piense en ti cuando se plantea en la AIP(L) la idea de una especie de Auditoría?

 

AIPL, Asociación internacional que tras haber dado eficaz servicio de sostén al Instituto Pikler e iniciado los vínculos entre las diferentes asociaciones Pikler nacionales, comenzaba a debilitarse: el número de miembros se estancó, el Consejo de Administración envejecía; imposible de reemplazar, pocas o ninguna innovación. ¿Por qué este estado de cosas? ¿Cómo responder? Hacía falta encontrar a los representantes piklerianos de diferentes países.

 

Tu nombre, Catherine, me vino enseguida a la mente e inmediatamente fuiste cooptada.

 

Tu capacidad de ver el conjunto de una cuestión, tu buen conocimiento del enfoque pikleriano, tu capacidad de escucha y de empatía completadas por tu multilingüismo y capacidad emprendedora fueron responsables de esta elección.

 

Nuestra única duda… sabíamos que estabas enferma. Estábamos en 200?. Pensamos que era a ti a quien correspondía la decisión y te lo pedimos.

 

Aceptaste y fue un éxito… A raíz de este trabajo de varios años nació una nueva asociación: Pikler Internacional, con nuevos objetivos más próximos a las necesidades actuales y un recambio generacional.

 

Y para mi vino la ocasión de verte más frecuentemente, de otra manera sobre nuevos temas. Un verdadero, verdadero placer.

 

Catherine,

 

Fuiste una colaboradora remarcable de aquellas que se interesan por los objetivos perseguidos, los cuestionan para comprenderlos bien, ayuda a afinarlos y a continuación ponen toda su energía e inventiva para alcanzarlos. Me gustaba tu humor, siempre amigable ante los “defectos” de unos y de otros. No eras ingenua, sino más bien perspicaz, pero siempre con calidez y tolerancia.

 

Luego vinieron algunos encuentros amistosos más recientes, alrededor del canto. Buenos momentos, allí también me sentía en armonía. Y admiraba tu valor. Parecías disfrutarlo a pesar del sufrimiento. Hablabas de tu hija. Me familiaricé más con Reynaldo y he lamento una vez más que la cultura francesa nos prive con tanta frecuencia del encuentro de cónyuges en el trabajo.

 

Catherine, se nos dice que “nadie es irremplazable”… Verdadero y estúpido a la vez.

 

¡Cierto! ¡Si no, las actividades humanas se detendrían! Sin duda alguien va a venir a realizar tus funciones, nosotros le daremos la bienvenida. Esta persona realizará la tarea con sus propias riquezas.

 

¡Pero de todas maneras…falso! ¿Quién va a aportar todo aquello que tú aportabas? ¿Quién podrá apoyarse sobre el profundo conocimiento del nacimiento de una nueva historia, sobre la vivencia de la incertidumbre alrededor de la puesta en marcha de un nuevo organismo? Sólo tú podrías hacerlo.

 

¡Y es voluntario no hablar con crueldad de tu ausencia, por cada uno de tus allegados!

 

Catherine, como todos aquí, pienso, la idea de no volver a encontrar tu mirada, ni escuchar más tu voz me resulta insoportable. Lo sé, “haremos nuestro duelo”, como se dice hoy en día. La vida sigue su curso, tu propia vitalidad así lo querría.

 

Pero ahora, estoy triste, y cansada de demasiadas Despedidas.

 

                                                                                                                   Geneviève.